Unos pocos días después, El padre rector interrumpió su clase de historia para pedirle a los alumnos que les dieran hospedaje a los representantes de Palmira, Medellín y Bucaramanga (obviamente para ahorrarle a la comunidad los costos de hotel) de manera voluntaria, a lo que Ivette y Jorge se negaron en un principio, pero la profesora Gloria (quien había sido la profesora de Andrés en segundo de primaria y desde entonces llevaba una gran amistad con ellos) les hizo cambiar de opinión. Después de la clase de Historia, Andrés recibió la notificación de su convocatoria a la selección Sub-14 de básquetbol de su colegio y que lo iba a representar en las Primeras Olimpiadas Nacionales de Integración Agustiniana. Su entrenador, el profesor Guerra, estimaba mucho a Andrés ya que lo conocía desde Kinder y sabia de sus buenos resultados como estudiante y como basquetbolista. Aunque siempre quiso jugar fútbol, su físico para jugar en canchas grandes no era bueno y en el microfutbol siempre fue suplente. Su gran oportunidad de ser titular llego en 3º de primaria, ya que su profesora (la Profe Rosa), daba la titular al que tuviera el mejor promedio del salón, pero había un muchacho llamado Miller que siempre lo superaba aunque fuera por décimas de punto. Fue en el básquetbol donde encontró su vocación, primero por su estatura y segundo porque era más hábil con los brazos que con los pies. Un día en clase de Educación física se hicieron las eliminatorias para representar al colegio en Atletismo. Andrés tuvo el 3er mejor tiempo en los 100 metros llanos y también fue convocado a la selección Sub-14 de Atletismo, cosa que el no tenia en sus cuentas. Para los 400 metros llanos el seleccionado fue Fernando, quien logro el 5º mejor registro, logrando calificar a la selección por 2 décimas de segundo. Los entrenamientos eran 3 veces a la semana, por las tardes, por lo que Andrés no podía ir a su casa a almorzar y tenia que hacerlo en cualquier tienda cercana o comer el sándwich que le preparaban su mamá y su abuela.
Una tarde, Andrés regresaba del entrenamiento con Fernando quien lo acompañó por que sabia que a esa hora salían las niñas del colegio femenino donde estudiaba Pilar. Entraron a la tienda donde Andrés compraba la leche, para que Fernando se comprara una gaseosa. En cuanto entraron, Andrés vio a la niña de la esquina recibiendo una colombina del tendero, se emocionó y se puso nervioso pero vio que otra persona le pagaba al tendero: Era Hugo. Fernando ignoraba todo lo que estaba pasando y pidió su gaseosa, en ese instante Hugo giro y quedo cara a cara con Andrés, durante unos segundos se quedaron viendo frente a frente, solo pasaba una sola cosa por la cabeza de Andrés, darle un puño a Hugo, pero la presencia de la niña de la esquina se lo impedía.
- Y es que ahora también quiere pervertir niñas?- Dijo Andrés con desdén
- Solo las salvo de la porquería de gente que pueden conocer
Andrés apretó su puño, alistándolo para ponerlo en la cara de Hugo, pero vio la cara asustada de la niña de la esquina mirándolo, la ternura que le generó hizo que aflojara el puño y desistiera de asestar el golpe, pero no importó porque Fernando reconoció a Hugo y grito empujándolo
- Ah usted es el desgraciado
- Fernando, tranquilo- terció Andrés. Recuerde que este tipo es el diablo y a estas alturas no se debe exponer a otra lesión- Recordándole que el último encuentro entre los dos terminó con esguince.
- Ustedes no van a pelearse en mi tienda- Dijo Don Mario saliendo de las vitrinas- ¡Se me salen ya!
- Ya ves niña, ese es el tipo de gente que no debes conocer - Le dijo Hugo Mauricio a la niña de la esquina mientras veían como Don Mario sacaba a empujones a Andrés y a Fernando.
El miedo a que tuvieran una lesión que podría hacerles perder la olimpiada, les hizo continuar su camino a sus casas. Andrés volteó su mirada atrás una vez y vio como Hugo Mauricio y la niña de la esquina conversaban como si nada hubiera pasado, era evidente que la había perdido aun sin conocerla.
Esa noche Andrés no podía conciliar el sueño, se asomó a la ventana y vio que, en la casa de la esquina, la alcoba que daba hacia la calle tenía la luz apagada. Entre las muchas veces que el miraba a esa casa, la niña que le gustaba siempre entraba a esa alcoba o se asomaba desde esa ventana, lo cual hacia suponer que ahí dormía ella, sus dos hermanas menores, suponía, deberían dormir en cada una de las habitaciones restantes y, dado que era la alcoba principal, ella debería dormir con su mamá, quien había enviudado un par de años atrás. Andrés vio que encima de la casa del frente brillaba la luna llena, se quedó viéndola como buscando una esperanza y se acordó de una de sus canciones preferidas
Tendré que aferrarme a la idea de que ya no está
Qué cama tan vacía
Qué hora es? las tres de la mañana
Si por lo menos pudiera oír su voz
Todo esto me parece tan absurdo No puedo dormir
ella quizás en el más profundo de los sueños
Debo comprobar hmm, está dormida
Con quien soñara, ¿conmigo?
Hum, es inútil, debo salir de esta habitación
Nuestro balcón, su misma copa
Ah, la luna, nuestra compañera de todas las noches.
Se sentó en su cama sin perder de vista a la luna y siguió cantándole en tono triste
Luna, dime tú si ella me quiere como yo la quiero a ella
como tan solo se quiere una sola vez.
Luna, tú que eres como ninguna
Que de noche nos alumbras juntito con las estrellas
Escuchando mi canción.
Mi canción que es como un grito
Que le pido yo al cielo
Este sueño que es algo que el pobre no puede alcanzar
Pero siempre se tiene esperanza cuando uno se quiere
De este amor, pero como es el mío que nunca se muere
Poco a poco el sueño fue apareciendo como si la misma luna lo arrullara. El lunes siguiente un abrazo fuerte de Ivette lo despertó. "Feliz Cumpleaños Andrés" dijo Sonriéndole, luego lo abrazó su papá y por ultimo Alex, luego empezaron a llamarlo sus tíos y primos para felicitarlo, pero el destino le tenía preparado un regalo de cumpleaños que el no esperaba.
